Hace varios días, un nuevo grupo de jugadores entraba en el prestigioso Hall of Fame. Un lugar en el que cada unos pocos nombres dan el paso de poder entrar tras, generalmente, una gran carrera a sus espaldas. En esta ocasión, nombres como Mel Daniels, Don Nelson o Reggie Miller comenzaban a formar parte de la historia del baloncesto.

La mayoría de los aficionados a la NBA recordará a Sampson con la camiseta de Houston Rockets junto a Hakeem Olajuwon pero pocos recordarán su paso por Sacramento Kings. Lógico y esperado. De los 456 partidos que Sampson disputó en la NBA, sólo 51 fueron con la camiseta morada de los californianos, 11 veces como titular.
A poco más de un mes para que comenzara la temporada 89-90, Golden State Warriors traspasa a Sampson, tras una media temporada buena (15'4 puntos y 10 rebotes de media) y un año bastante flojo por problemas físicos, a los Kings. A cambio, reciben a Jim Petersen, un ala-pívot de raza blanca, número 51 del draft de 1984 y que había coincidido con Sampson en la franquicia texana.

Pero lejos de volver a ser competitivo, las dolores en sus rodillas -operadas tres veces- iban cada vez más, hasta el punto de limitar su capacidad de saltar o simplemente correr. Sampson pasó dos temporada muy duras en Sacramento, donde el equipo sólo pudo ganar 48 partidos en el tiempo que el gigante pasó en la capital californiana. Promedió 4'2 puntos y 3'2 rebotes en su primer año, y 3 puntos y 4'4 rebotes en el segundo. Cifras muy lejanas a los cuatro años en los que superó la decena en puntos y rebotes.
Antes de que comenzara la temporada 91-92, los Kings cortaron a Sampson. Se iba el gigante, camino de Washington Bullets, con menos de 800 minutos jugados en dos años.