Apático, sin confianza, con la muñeca fuera de sí y sin ser que nadie pudiera pensar que hace sólo dos años ese jugador hubiera sido el mejor novato del año. Tyreke Evans llegó anoche a San Antonio con una idea clara: volver a demostrar su auténtico nivel.

Por primera vez en su corta carrera, el de Chester había sumado tres partidos consecutivos sin llegar a los 10 puntos. Sus números era sólo una muestra más del mal rendimiento del guard. En esos tres encuentros -contra Dallas Mavericks, Minnesota Timberwolves e Indiana Pacers- Evans promediaba 6'6 puntos, 6 rebotes y 6'3 asistencias.
Lo malo no era su aportación al equipo -para muestra su número de asistencias y rebotes- sino su desacierto de cara al aro. Evans sumaba un triste 7/33 en tiros de campo, o lo que es lo mismo, un 21'2%. En tiros libres el porcentaje no era mucho mejor: 60% con 6/10.
Cuando comenzó el partido, no parecía que Evans hubiera cambiado con respecto a otros días. Sus primeros cuatro tiros de campo no entraron hasta que cerró el primer cuarto con un triple sobre la bocina. Pero al descanso ya estaba en 4/9.
Tras la renaudación, Evans firmó un tercer cuarto perfecto (3/3) hasta que llegó el último acto. Otra vez los peores fantasmas aparecían, Evans no anotaba y el partido se estaba decidiendo, pero todo cambió a falta de 40 segundos.
El guard sube la bola, no la suelta y sigue botando, DeMarcus Cousins le ofrece el bloqueo pero Evans no lo aprovecha, encara a Danny Green y...
...los Kings ganan su segundo partido consecutivo, rompieron una racha que duraba desde noviembre de 2007 en la que no ganaban a los Spurs. Y es que contra los texanos, Evans promedia 19'6 puntos, 5'8 rebotes, 6'1 asistencias y 1'6 robos, números superiores a los de su carrera en la NBA.