No es fácil llegar a la NBA siendo un base de 1'76 -con zapatillas-, tras tres años en la universidad y siendo el último pick del draft. Todo eso se complica, aún más, si llegas a un equipo en el que la estrella y la gran apuesta de tu mismo draft van a jugar en tu posición.

Estaba en racha, confiado, metía los tiros y no tenía ningún complejo a la hora de atacar a su defensor. Rookie, what? "Hacer cada jugada en el tiempo correcto", decía Thomas al término del encuentro. "Me he sentido bien. Mis compañeros tienen mucha confianza en mi".
Thomas era un tipo feliz, más incluso de lo habitual. Un tipo que no pierde la sonrisa en ningún, que tiene un feeling especial con DeMarcus Cousins y al que el vestuario quiere. Con el partido caliente y rompiéndose a favor de los Kings, Toronto Raptors pide un tiempo muerto. Los jugadores se van al banquillo y Marcus Thornton, vestido de calle, se acerca a Thomas y le da una colleja. Ambos ríen, saben que el rookie está on fire.
"La gente me dice '¿qué haces?' y yo les contesto, 'lo que he hecho toda mi vida'".